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Cuándo vender, el dilema extendido entre las empresas tecnológicas

¿Qué pesa a la hora de decidir por vender una empresa por una oferta millonaria? ¿Intuición, codicia o conocer el valor real de un producto? ¿Qué lleva a jóvenes empresarios con escasos recursos a rechazar cifras muy altas por un proyecto?

Tal vez sea una mezcla de todo, o mucho más. Lo cierto es que en el ámbito tecnológico donde las empresas se crean y se venden por cifras millonarias en ciclos de tiempo muy cortos, tener bien claro el valor del producto, la realidad del mercado y, por supuesto, una cuota de valentía, hacen que rechazar estas propuestas al inicio pueda transformarse en la mejor decisión tomada. O no.

Snapchat una aplicación para enviar imágenes y videos, creada en 2011 por Evan Spiegel y Bobby Murphy, rechazó este mes una oferta de Facebook de US$ 2.300 millones. Según explicaron sus fundadores al Wall Street Journal en su momento, el objetivo fue conseguir una mayor valuación, porque entienden que su servicio “aún no ha tocado techo”.

Ben Horowitz, de la empresa de capital riesgo Andreessen Horowitz, una de las primeras en invertir en Instagram, cofundada por Kevin Systrom y vendida a Facebook por US$ 1.000 millones hace un año, reconoció que la decisión de vender o aguantar nunca es evidente.

“Cuando Kevin vendió Instagram, la gente decía que era un genio. Ahora se pregunta si lo hizo demasiado pronto, y opina que Snapchat es demasiado atrevida. ¿Quién tiene razón? Todavía no lo sabemos”, explicó a El País de Madrid.

La situación por la que pasaron los fundadores de Snapchat es muy común. eBay llamó muchas veces antes de que los fundadores de PayPal se decidiesen a vender. “Tienen que vendernos a nosotros porque es la sinergia natural; si no lo hacen, competiremos y acabaremos con vosotros”, recordó Max Levchin, uno de los fundadores de PayPal.

En 2002, después de que PayPal saliera a Bolsa se vendió por US$ 1.500 millones. “Tengo que admitir que eBay ha sido un fantástico administrador de lo que construimos”, señaló Levchin.

Su siguiente empresa, Slide, tuvo una historia diferente. Hacía aplicaciones sociales y se vendió a Google por US$ 228 millones. Pero el gigante tecnológico la cerró un año después.

Cuando no todo sale tan bien

Del lado negativo se encuentra la empresa cc:Mail y su producto de correo electrónico. Fundada en 1998 por Philippe Courtot, en 1990 recibió una llamada de Microsoft. Bill Gates le ofreció US$ 12 millones. La respuesta fue no. La razón, si bien el precio era insuficiente, no era un tema de dinero sino que la empresa estaba “a punto de construir la plataforma para correos electrónicos dominante”, recordó Courtot.

La ventaja era que cc: Mail funcionaba con múltiples sistemas operativos, mientras que Microsoft Mail solo lo hacía con Windows. Al año siguiente, cc:Mail dominaba al Microsoft Mail de Gates hasta que Courtot recibió una oferta de Lotus Development por US$ 55 millones en efectivo. Con Lotus, cc:Mail pasó de cuatro millones de usuarios a 24 millones, hasta que IBM adquirió Lotus en 1995 y cerró cc:Mail. “No debería haber vendido”, se lamenta ahora Courtot. “Podríamos haber llevado la empresa a la nube. Pero así es la vida”.

La espera tiene sus frutos
La primera vez que el sitio de reseñas locales Yelp (www.yelp.com) rechazó una oferta de compra, un inversor advirtió a Jeremy Stoppelman, uno de los fundadores de la empresa y su consejero delegado, que ahora “tendría que construir una empresa de verdad”.

Según relató Stoppelman, tenía 28 años, y Yelp, casi dos, pero no generaba beneficios. La oferta que fue de US$ 100 millones. Tres años más tarde, Google le ofreció US$ 500 millones. Pero las negociaciones fracasaron. “Todo el mundo tuvo que quitarse de la cabeza esas fantasías y volver al trabajo, incluido yo”, confesó.

Yelp salió a Bolsa en marzo de 2012. Desde entonces, el precio de sus acciones se triplicó y sus acciones valen casi US$ 5.000 millones.

No todo es dinero

Horowitz tenía sentimientos encontrados en 2007 sobre la venta de Opsware, una compañía de programas para empresas que ayudó a fundar. “Hay una parte lógica y una parte emocional, y son muy difíciles de separar”, explicó.

La oferta de Hewlett-Packard de US$ 1.600 millones y un cambio de escenario lo convencieron. Pero hasta hoy sus sentimientos sobre la venta son confusos. “Pasé ocho años, día tras día, intentando construir esto y, de repente, ya no está, se ha terminado”, explica Horowitz, que ahora asesora a empresarios como capitalista de riesgo en Andreessen Horowitz.

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Mystic Maggie

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